De la plena oscuridad,
a no hallarse
sino en débil rosa
En tu frágil retina,
fulgor blanco.
Tiempo de cegueras.
Tenue haz infiltrado,
hilo apenas,
su susurro dorado
Calma tus pies el mar.
Entre espumas,
escapan tus penas
Cielo, tu grisacea
voz, ya al suelo
llama, hiere, humilla
Rayo de metal,
transpórtame ya,
en tu ala veloz.
Ojo de neón
tras cristalina máscara,
aguas arriba.