jueves, 29 de noviembre de 2012

Blanco. Noches Árticas (IV): Despertar

























Dime que le mostrarás la aurora boreal,
a mi congelada mirada . Sí, una vez más.
Cuéntame que ayer no fue mi último día,
que solo lo imaginé como una pesadilla.

Tú te filtrarás entre mis sentidos, tranquila,
hablarás con la Parca. Retrasarás su visita.
Que me deje tu adiós postrero, entre susurros.
Eso es ya todo lo que. en este final, busco.

Blanco. Noches Árticas (III): Grietas
















Gritas, que podrás hacer solo por ahora.
Grietas, van surgiendo por doquier solas.
Con palabras sin nombre no te liberas.
Tú eres tu fisura, todo tú te quiebras.

Te cubres con los brazos, con las piernas,
tu dolor ciega tu pobre corazón en pena.
Y que hacer si nada, nadie ya te llena,
si el solo pasar de este día te arredra.

Sólo quieres volver todo al lugar correcto,
o bien, al fin, desaparecer por completo.
No te vale ningún termino medio, seco,
fetal, querrías volver a nacer de nuevo.

Entre las sombras, bajo tu piel, tus huesos,
canibalizas, digieres completo, tu yo disperso.
Querrás quedarte en este recreado limbo.
La letra de esta reflexión, será tu himno.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

Deseo / Destino















Cierras la preciosa luz de tus húmedos ojos,
bajando tus coloreados párpados teñidos.
Ábrelos de nuevo, que temo ver extinguidos
por siempre esos profundos anhelos y antojos.

A tu paso sostenido, carente de enojos,
oculto mi presencia a tus iris tan queridos.
Quiero besar tus amorosos labios prohibidos,
aspiro vivir al cobijo de miradas de celosos.

Cual pequeña figurilla de barro entre tus manos,
siento mi destino y corazón ser artesanados,
moldeados por una maestra del deseo humano.

Con tus gestos para otros de significados planos,
provoques en mí sensaciones de descaro.
Y sea mi sino tener que convivir a tu lado.

A la luz del fuego



















A la luz del fuego, en la playa nos encontraremos,
al final del día en que sin duda ambos lo necesitemos.
Bajo ese tenue fulgor probablemente lloraremos
ante las verdades que diremos. Quizás luego, olvidemos.

Llámalo teatral, acabar por volver al escenario donde todo,
comenzó. Solo así espero, que las palabras suenen
acaloradas, cual quemadura que cicatriza heridas,
y no sean una pequeña muerte de agradables recuerdos:

Al recorrer el paseo, sorprendido cada vez que tú reías,
o apagando los dos el silencio durante aquel tiempo.
Al bajar a la arena nocturna a bailar. Pies descalzos,
música puesta por las olas y su continuo tamborileo.

Y volverán a ser el mar y las estrellas únicos testigos,
como tantas otras veces, salvo que un poco más tristes,
al ver desatarse lazos, y con nuestros ojos hacer crecer
más el océano entre dos orillas, una vez tan próximas.

martes, 27 de noviembre de 2012

Vigía

















Centinela inconstante, debiste haber seguido
los rastros aparecidos de lágrimas de indefinido
color, ya hoces, cruzando mis polvorientas mejillas.

Mil





















Mil melodías resuenan en mi cabeza,
mis pensamientos en torno a la belleza.

Mil seducciones se convierten en palabras,
las ilusiones que tú, corazón, labras.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Espíritus de Manhattan





















Los espectros de hierro de John y Washington Roebling, llegan a Manhattan,
colosales, crepúsculates, acompañados de melodías de George y Ira Gershwin.
Trepando las paredes de los teatros de la Quinta Avenida, Peter Parker,
vigila las calles y sueña con los ojos verdes, pelo rojo de Mary Jane Watson.

Broadway Danny Rose se cruza con Annie Hall en la carnicería kosher.
Encantada le alquila para su fiesta de mañana un malabarista sin brazos.
Turistas en taxis amarillos por las calles, luego paseantes casuales,
recorren la ciudad laberinto por sendas trazadas en mentes inescrutables.

Harlem es negro, norteamericano, Harlem es hispano, castellano.
Permanecen en sus esquinas, las pisadas de García Lorca y Pepe Hierro.
Cuadernos de poemas devorados por cocodrilos en las profundidades,
vagabundos caídos, almas roídas, basura en el fondo del Hudson.

El intelectual compra de librería vieja un Don Quijote y un Poe.
Un bailarín de claqué deja caer su chaqueta, mientras hace su zapateo.
Vagando por Central Park inacabablemente hasta Madison Avenue,
los colores en la oscuridad han acabado tristes, muertos y apagados.

Las agujas de los edificios aún apuntadas al cielo, iluminando el camino.
Señalan la victoria del hombre llano y el fracaso de los fanáticos.
El West Side End hace que Moloch sea de nuevo encadenado en las alturas,
y Liberty Island cuenta a sus hijos que allí, decir no, siempre es absurdo.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Mañana. Domingo de Otoño (Retiro/Pacífico, 1993)
















En este nuevo amanecer se oye algo.
Leve rumor, hojas secas, sobre el asfalto.
¿o son mis pisadas con un eco extraño?

Se abre un día rojizo, helado, con viento,
surgiendo entre las ramas de todo árbol,
y mi cuerpo somnoliento lo está sintiendo.

Paseando solo por la calle, bien abrigado,
ni un alma más paseando entre baldosas sueltas,
cruzando bordillos rotos y suelos rayados.

No sabía adónde iba, mi noche no había acabado,
recorría calles que no tenían nombre.
En la madrugada del sábado están velados.

El aire me azota en la cara y me va despertando.
Creo reconocer el lugar por donde van mis pasos.
Cierro los ojos: “Éste es mi hogar”- he pensado.

Y es que ahora ando sobre zona conocida.
Lo sé por el color gris de la tienda por alquilar,
por el rojo gastado de la antigua peluquería.

Me viene a la vista el abandonado cine Sevilla,
sus sombras huérfanas que vagan sin tener pantalla,
Y la mercería de la esquina. Todo está cerrado.

He vuelto a mi barrio, Un ensueño que termino.
Es la mañana de un frío domingo de otoño en 1993.
Tengo 18 años. Voy de vuelta a casa. Camino.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Caprichos Londinenses














Dear, muéstrate conmigo en Oxford.
Esfúmate ente las campanadas del reloj,
y reaparece, Cheshire, con nuevas sonrisas.

Surgida, transplántate al jardín de Hyde,
flor nueva nocturna, y goza conmigo.
Resurge otra vez entre mi tacto.

Correremos de allí hacia Piccadilly,
donde nos suspenderemos de los luminosos.
Destacaremos como negritud entre el color.

Caminantes solos y anónimos bajo la luna
nuestros reflejos de agua en Trafalgar Square.
Centelleo y destello, centelleo y destello.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Muro





















...En mi horizonte, fiero, implacable,
aparece sin razón aparente,
tan alto, que semeja infranqueable.

Es sólido, de mi mente no producto,
real al tacto, vertical, firme, solemne.
Inmenso, en bloque de roca. Un muro.

Plantado en la inmensa nada lisa,
en la que pesa la tensa soledad
que hace del lugar su rara divisa.

Aunque es inasumible, lo contemplo, 
no hay apertura, grieta u oquedad
en este extraño y absurdo monumento.

A izquierda o derecha, no interrumpe,
su fuerte construcción este elemento.
Puertas, busco en su camino, y no irrumpen.

Asaltarlo, alternativa, pensamiento constante.
Me parece haber tomado esta decisión, pero
¿podré subir esta pared gigante?

Me encaramo con pies y manos, me encelo,
a las duras aristas de la piedra, escalando,
pugno con lo que parece tiene límite en el cielo.

Tras días, semanas en el muro, donde lucho,
duermo, sufro, sudo, acabo por creer
que no puede haber objetivo más duro.

Sin aviso, mi mano temblorosa, encuentra,
cuando todo lo sentía ya perdido,
el último bloque, fin de la pelea cruenta.

Me siento en su borde, lo domino.
Sorprendido, estoy con lo que vislumbro, 
pues la nada es lo único que adivino.

Me decido a descender por el otro lado.
Rápido, con hálito de prisionero fugado,
en un solo día ya lo he bajado.

Abstraído por la alegría, del simple hecho,
de tener ya ambos pies en pleno suelo, corro.
Sin dirección, libre, las rocas de vista pierdo.

Mas mi alegría acaba pronto, en un momento,
paralizado, perplejo, pese a que confirmo
cuanto ya sabía en mis adentros, cuando oteo...

...En mi horizonte, fiero, implacable,
aparece sin razón nuevamente,
tan alto, que asemeja infranqueable...

martes, 20 de noviembre de 2012

Por Sendas Propias




















Arma provista de silenciador, legalizada a las públicas opiniones.
Así entiendo la ambición sin mesura, semilla de cizaña, mata
lo verdadero, lo honesto; y a los que la acogen, convierten en plaga.

Y es que vivir en el mundo se ha hecho cosa de locos, y sólo triunfan
ahora pillos, pícaros, ricos, probos. Oscuro tiempo de herrumbre.
Dime: ¿se habrán convertido en buenas las malas costumbres?

Acaso tú y yo, salidos como ellos de la frágil arena, de este barro,
que pisamos, nosotros que sabemos que no les seremos similares,
¿es que no imitándoles nunca haremos cosas importantes?

Dejad que duerman aquellos sobre sus cómodos colchones
rellenos de plata, en realidad sostenidos en espadas esos lechos.
Su caída será natural. Llegará un día cualquiera, cual cruel invierno.

Amigo, usemos zapatos viejos para recorrer nuevos caminos, lugares
para formar un discurso inédito, sin palabras usadas y desgastadas.
Apártate al fin de lo común. Recorre hoy conmigo esta hondonada.

Kinetoscopios

















Rotores en acción, bobinas en movimiento,
los testigos impersonales del siglo veinte,
creadores de sueños y de falsos monumentos.

Proyectores de naturalezas muertas todos,
teatros de luz entre sombras, cámaras oscuras,
kinetoscopios, linternas mágicas, zootropos.

Inolvidables melodías sinfónicas, golpes,
despedidas y besos eternamente repetidos.
Compartidas en butacas, sólidas emociones.

Forjadores de ídolos de imagen imperecedera,
realizadores de ilusiones en entregas de horas.
Fotogramas imborrables que tú recuerdas.

Delirio de Filos Corrientes


















Los sonidos de la calle tambores de guerra
despertadores me harán levantarme súbito
esta mañana al cuarto de baño a contemplar 
en el espejo del lavabo mi último rostro añadido difuminado 
con fingida complacencia pegado encima de mis múltiples caducas
mascaras diarias para salir al exterior a media luz
verde de semáforo desierta hasta llegar a la boca
sumidero de gente en la parada metropolitana
que nos digiere en la entraña del pavimento
dotandonos de nerviosa velocidad mientras corremos
por sus andenes al borde de la caída a la vía del discurrir
rutinario de nuestras vidas sumidos en el convencimiento
matinal probable en que el próximo tren va a recorrer
todo el suelo de la ciudad sin encontrarse con ella
perdida banda urbana de Moebius cerrada
en una sola dirección como ahora están
mis ojos dentro de este increíble viaje

lunes, 19 de noviembre de 2012

Antagonista (Sans Soleil)
















Mercurial, huyes entre el tiempo y la memoria,
corredora de fondo. Sabes que no hay regreso,
artimaña o truco nuevo a aplicar, si estás
atrapada en la red del devenir y el recuerdo.

Buscando reposo, la penumbra te visita,
lux aeterna, en el equinoccio de nuestras vidas,
momento cuando ya no somos lo que éramos,
y no volveremos a ser lo que ahora somos.

En esta zona sucia, por fin te diste cuenta,
de que éste (del que no te habían hablado)
es en efecto el futuro, y en cualquier rincón,
supones que la ausencia, el dolor, te esperan.

Mas no, no te aflijas aunque haya un final:
es tu recorrido aún por hacer, exultante, estelar.
Si hay nacimiento y ocaso es porque existes,
tú, un estallido de vitalidad entre las sombras.

sábado, 17 de noviembre de 2012

La Lección de Pintura (Anatomía Emocional)



















Intentaba retratarte de una trazada gruesa
para así plasmar todo lo que yo sentía,
mas no ocurrió hasta que tu cuerpo dormía,
cuando mi mirada de ti ya hizo presa.

Contorno aún vacilante y sinuosa sorpresa,
cuanto cuesta dibujar, seguir tu anatomía.
Facciones relajadas llenas de ironía,
esconden motivos de inspiración que no cesa.

Mientras el color de mi paleta se agota,
mi corazón se llena ya del que enamora
y el pincel de mis labios, tu lienzo vivo frota.

El retrato acabo y tu sueño de una hora.
Despiertas. Dulce, una frase en mi voz brota.
Decía: “Quiero tu amor y lo quiero ahora”.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Islas Humanas












Especies, miríadas, poblando atolones coralinos,
barreras de hermosura, naturalezas improvisadas.
Tactos extraños labran la piel al raspar la superficie.
En sus orillas, embargan azules transparentes ajenos.

Así, entre las nubes vi formarse el mundo.
Cada hombre en él una isla, sola y a la deriva.
Hermosa e ignota salvo para sí misma, aparecida
un milagro, nacida única entre todas las demás.

En la profundidad de lo antes vacío, surges tú, mujer mar.
Donante semilla fecundadora, portadora de existencia.
Reflejo prematuro de luna, tu extraño origen, base 
sobre la que asentar mis fantasías sin fondo aparente.

Fulgor (Ella)

















Acostada y con ojos abiertos de mediodía, la mirada
puesta en la fachada encalada del patio interior vacío.
Desnuda, vibra risueña con una sensación de brisa ligera
que se cuela levemente entre sus brazos y piernas.

Deslumbrada por este espejismo expuesto, blanco,
un rumor de pasos ligeramente arrastrados, la levanta.
Buscando con la vista empañada, recorre el pasillo,
encontrando una caricia. Un tenue beso en el cuello.

Una palabra suave en el oído. Un deseo en los labios.
Y juntos de las manos van caminando hacia el lecho.
Las ropas de él ya han caído sin pudor, casi sin un ruido.

Ambos amantes profesados, y apenas si se han conocido.
Y a la mañana siguiente, despertará el día con su tacto solar.
Acunándola tersa, tímidamente. Ella, la dormida entre sonrisas.

martes, 13 de noviembre de 2012

New Bird in L.A. (Con Fondo Negro)

















Escapa la frágil figura tocada, entre hombres
bajo cartelón de antro de jazz y alcohol.
Parpadeos, guiños cómplices, hay cazadores.

Entra, su oído llena beat de banda, encima
del escenario, halo de luz blanca, ilumina
enfervorizado a un saxofonista.

Rara avis, este pájaro, músico de otra costa,
a la California fronteriza, ha volado
en compañía. Actuación de una sola noche.

Empieza sincopado ritmo, su instrumento.
Zigzaguea música del azar tocada
resonadora. Marca su bop impresionante.

Entre melodías templadamente hipnóticas,
surgen de la multitud manos capturadoras,
lo apartan al callejón. Gritos ajenos.

Es el fin de la improvisada partitura,
soplando un demonio, temblor tremendo,
negro como su cuerpo, como su alma.

Disparos, ya no atraviesan la cortina
de ruido entretejida de la metrópolis.
Un volante sombrero de fieltro.

Cuerpo tendido, alejan silenciosos pasos,
dos gabanes grises, tras la esquina,
ya extraña, callada, vacía y tranquila.

Varios minutos, luces rojas y azules.
Uniformes limpios y hombres sucios,
despojados y cubiertos por gabardinas.

Rodean la silueta de ojos aterrados,
investigan el fin de un hombre,
confusos y ávidos de historias.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Siesta de Verano


















Tardes livianas sobre un cubrecama,
en días de reposo en duermevela,
próximas al sol que recoge la arena,
al mediodía, de desiertas playas.

Ausencia incluso de pasos livianos,
nada rompe el silencio mantenido,
sólo interrumpen tenues respiros
brotando de cuerpos relajados.

Cálido sudor sobre la escasa ropa,
gradual y seca resaca al despertar,
hermosa forma de descansar,
preludio de esas noches tan cortas...

Guitarras en el Lodo

(En memoria de Jeff Buckley)














Memphis. Nadabas intenso en el canal, vestido
por completo, mirando entre las nubes y niebla,
hacia la luna llena, grabando finas estelas
tus botas mojadas, frente a los fletes pesqueros.

Led Zeppelin, su “Whole Lotta Love”, parecían ecos
en tu prodigiosa garganta. Al lado del bote,
el roadie Keith. Quince minutos en Wolf River Harbor,
afluente del Mississippi que te tragó entero.

De cuerdas en meandros del río, solos y rasgueos
en mástiles al agua extraños, llamaban, ajenos,
articulando tus hundidos fraseos, registros
y diarios de voces conservadas en tiempo lento.

Tu gracia, ya no era de este mundo, yació
en barro punteada, sobre botellas vacías.
Crecientes vientos de agua hirientes no sonaron
a recuerdos, sino a ondas, theremines nuevos.

Cinco días: Ya te uniste a imaginarios
hermanos eléctricos del delta que devolvió
tu cuerpo. Las noticias que las señales de radio
daban de tu desaparición, al fin se detuvieron.

La dulzura de tu sonrisa, aún en tu rostro.
Te recogieron dos hombres, una cama de brazos.
Al asirte por los hombros, parecían escuadra,
eterno ángel, cohorte guardiana, caballeros.

Certifican esta temprana muerte, en Beale Street,
cuatro de Junio. Guarden tu ataúd, negros halcones,
vuelen nocturnos. Dancen armonios y dulcimeres,
dobros, mandolinas. Salven siempre tu joven sueño.