jueves, 8 de agosto de 2013

Voces de la Ciencia


Tu mente es una red neural de creencias,
fotógrafa que caza esos hallazgos titilantes
en la frecuencia de lo más inmarcesible.

Has educado a tus sentidos a coexistir
con los radiantes efectos a corto plazo
del perpetuo caos y la envolvente entropía.

Deja por fin tu vanidad de décadas atrás
Extiende tu consciencia, cual regalo de agua.
Recupera la siempre simple perseverancia.

Siamesa del porvenir ha de ser tu voluntad,
a prueba de misiles balísticos tu convicción,
con actitud contrapunto de dictaduras de razón.

Abajo caerán las criptocracias cabalísticas,
proclamarás la muerte de las distopías,
abrazarás el triunfo de la lógica.

Nubes de gas en explosión te circundan,
y dobles hélices imbricadas coquetean
con asumirte en su herencia verdadera.

Investigador en la odisea: intersección
del riesgo y la evolución en busca
de la culminación de tus ideas.

El encanto del científico reside catártico,
en la identificación por prueba y error,
sometiendo así al resto de las voces.

Ennui (La Décima Víctima)


A veces en la reyerta del insomnio y el cansancio,
me invade el vuelo del pensamiento acumulado
y la madrugada se tiñe de un pigmento inútil.

Turbulencias económicas, dinero volátil.
Traficantes de voluntades, drones vigilantes.
Libertades estraperladas, burlas predicadoras.

Cual radar Doppler bulle el maremágnum
de la brega diaria encendida y mi ánimo
escoge el camino del kamikaze.

Maldigo entonces la inacción de la sociedad,
mi parte de culpa, proporcional, innata,
en ser parte del panorama desolador.

Tendríamos que actuar, asesinos de vampiros y parásitos,
y somos siervos de la sociedad que nos integra,
contagiados de ennui y renuncia.

Nos hacemos perfectas víctimas conformistas,
drogadas de devastación moral,
desarmados entre rutinas.

La desilusión se ha convertido en nuestra horma,
vaina de contención de fibra fuerte,
brigada antirebelión ideal.

Los sistemas nos aspiran y nos regurgitan en broza,
sin capacidad de reflexión o agravio, quincalla
anulada por los leviatanes concurrentes.

Lanzo un pleito de autodefensa métrica en contra
de la misantropía general, en individual
manifestación de este mutismo.

Clandestino nos esclaviza, artilugio que borra
fatal nuestro valioso rol de resistencia,
a buscados tragos sincopados.

En estas horas perdidas AM, suena de fondo mi FM,
calmo mi rabia como self-dj, Bowie style
autoeditandome y masterizandome.

Paradójicamente en los últimos tiempos, duermo
de forma exclusiva al son de guitarras y bajos,
golpes de batería, embeleso de monos árticos,

que cantan en mis auriculares "¿Eres mía?",
"¿Lo quiero saber?" Y sobre todo, realmente:
"¿Por qué me llamas sólo cuando estás colocada?"

miércoles, 7 de agosto de 2013

Supermoon / Jolie Nuit


En el fin de semana que retenga la luz anual,
memoriza su puesta de sol, en el prólogo
de un crescendo lunar en el ángulo de la nava.

Cuando la luna en esa noche hermosa, lama
tu tímpano, responde tú sin desprecio alguno,
sin ofensa en su vigilia entre las candilejas.

Vulnerable creyente, pon la acción entonces
como si fuera única religión y fe verdadera.
Las exultantes revelaciones beberán de ti.

Tu emoción se derramará como de una fuente
cimentada sobre cinco pilones nuevos,
escondida en una ciudad escarpada.

Buscarás un corporal escondrijo disfrutado
a esta aturdida y bizarra consciencia,
ya al albor del murmullo de la medianoche.

Forjarás un pacto encubierto de luz,
construido, compuesto de cristalina
oscuridad irreductible e incólume.

Tu hombro desnudo, tu neurociencia y acento.
Mis palmas, sobre tus delicadas rodillas,
están ebrias de mujeres y belleza.

La fabrica de la realidad se nos desgajará
descohesionada, un octavo cielo
se abrirá ante ti en el camino.

Experimenta la devastadora satisfacción
en la dialéctica de la atracción,
en un evangelio del deseo.

Y cuando todo acabe en la mañana,
un alba buscará otra alba fresca
en el lado opuesto del planeta.

Anomalía Cronal (A Man Out Of Time)


Yo, que huyo del erotismo impostado
y establezco como estrategia primordial
la defensa de dama en el ajedrez de mi vida.

Escapo de los brillantes trampantojos,
de agrestes, crispadas y vanas marabuntas,
de las acumulaciones en industrias y mercados.

Del bombardeo cotidiano cobijado en atrios,
de la pobreza cultural decadente en Occidente,
de la pose ambigua y del desastre más cotidiano.

Los zumbidos se van atenuando y apagando.
Aparto el puñal que amenaza el talento,
la escoria que contamina el disfrute.

Asiento mis virtudes, me desprendo de los vicios,
muñiendo audaz un disfraz que no resulta
otra cosa ¡al fin!, que mi propia carne.

Me zambullo en un plan sin predicción,
una ligereza no carente de excelencia,
teñida del tabú de la felicidad sencilla.

Persigo la cumbre sin fanatismo,
solo con la dedicación humilde
y efectiva de la constancia.

En la sombra del álamo orillado en el estanque,
sueño y reposo el encanto de lo visto y oído,
desde el infantil asombro residente en mí

pasando por el benjamín vigor de la juvenil
formación vital y llegando a este principio
de madurez con energía aún no transida.

Aparecen las monocromías lisas de Rothko,
el hiperrealista Hopper y su cotidianeidad,
la idealización de la luz de Vermeer.

Los interiores nórdicos severos de Hammershoi,
dan la mano a Antonioni y su incomunicación,
Fellini con sus fantasías, anhelos y harenes.

Los dos (tres) tristes amantes de James Gray,
los milagros sobrios en Bergman y Dreyer,
aunando planos, secuencias y sensaciones.

Se arramblan las palabras castellanas de Machado,
los versos jardineros de Tagore, Darío y sus azules,
esos torrentes de Neruda, Rilke y Mallarmé.

Represento aquellos arrebatos de Sísifo y Prometeo.
Todo esto me hace sentir Ariel y Prospero al tiempo.
Al regreso a mi hogar, en mi habitación imperial,

he de proclamar a la manera de Elvis Costello
que soy un hombre fuera de este tiempo.
Y sólo espero seguir siéndolo...

sábado, 3 de agosto de 2013

Canción del Azar


Zurció un encuentro el azar,
cuando cayó sobre el andén
de aquella estación de tren
tu verde pendiente de jade.

En medio del temporal,
me agaché a recogerlo,
Tu mano sobre la mía,
se cerró como un beso.

Agarrados a ese momento,
alcé la mirada a tu rostro,
y cuando llegó a tus ojos,
algo se me quebró adentro.

Era un día de verano,
pese a no parecerlo,
la tormenta en su apogeo
iluminaba mi deseo.

Tu ropa estaba mojada,
marcaba todo tu cuerpo,
metido en aquel bañador
bajo tu camiseta ceñido.

Estaba tan cerca la costa,
la arena de playa volaba.
Nos pusimos a cubierto,
juntos, sin decirnos nada.

Tropezaste en un escalón,
te oí un quejido de daño.
Y te ofrecí mi hombro,
dónde recayó tu peso.

Seguíamos en silencio,
solos, tú en mí apoyada.
Con un leve gesto,
me indicaste mirar tu pie.

Quité tu sandalia por ver,
si acaso no estabas bien.
Acaricie tu suave tobillo,
me sonreíste por primera vez.

Llevaste mis dedos arriba,
acompañados por los tuyos,
me trajeron hacia ti.
Repasaron toda tu cara.

Era el día de San Juan,
tu boca era un incendio,
cinco minutos de gloria,
labios y lenguas atadas.

De pronto, escuché un silbido.
Creí que ibas justo detrás,
y sin pensar, salí corriendo.
para subir en aquel lugar.

Y fui yo el único en cogerlo.
Separamos nuestros caminos
y nunca volvimos a vernos.
Recuerdos que ahora yo escribo.


A.L.M.A. (Multiversos)


A ti, a quien sólo el cielo pondrá anillos en los dedos,
te digo que viajes al menos hoy conmigo al desierto.

Así, Atacama nos esperará entre arenas y galaxias,
en la ilusión de un tiempo comunal que no fue perdido.

Allí no hay nublada emoción que remueva la tierra
y la óptica es serena: trascenderemos interestelares.

Los desaparecidos y los muertos bajo nuestros pies
ya nos observaban desde arriba, y a ellos volveremos.

Habrá nimbado rumor sobre nuestras cabezas; elevados
nos disociaremos en calcio, nitrógeno y helio sustanciado.

El A.L.M.A. sondeará a sus homónimas, trazando nexos
entre el momento del big-bang y nuestro actual tiempo.

En picómetros nos situarán los móviles radiotelescopios,
pliegues de ondas de luz en rotación y traslación continuas.

Renaceremos sin disonancia alguna en un punto nuevo,
una dimensión de neutrones contenida en el multiverso.

Preconcebidos dolores matrices desaparecerán,
así desconstruida la destrucción del amor pasado.

Y regresarás a nuestro mundo tú, con una semilla
de esperanza trascendental plantada en tu cuerpo.

Me quedaré flotando aquí afuera, una estrella más
en tu firmamento encendido, con un don de nefelibatía.

En bucle infinitesimal, ingrávido recitaré un mensaje
para que puedas situarme siempre que desees.

Será: "Deja que se me lleve, deja que se me lleve,
deja que se me lleve, deja que se me lleve..."

domingo, 28 de julio de 2013

N/TAB/LA/2


Mil melodías en mi cabeza resonaban,
eran pensamientos en torno a la belleza,
mil seducciones se convertían en palabras,
las ilusiones que tú, corazón ingenuo, labrabas.
Mas ahora suenan incómodas y distorsionadas.

Tengo este malestar entre las vísceras.
Abro mi pecho, para calmar tal sensación.
incapaz de conseguir digerirla ni apaciguarla.
Y me hallo con estas entrañas entre las manos.
A mi desgracia, un amor arrancado de adentro.

Lo noto combativo: no cede aún en vivir,
respirando, monstruo infectado en sueños,
hijo híbrido de ansia y martines pescadores,
sumergiéndome entre más de diez mil penas,
destruyendo sin remedio mi afecto en el proceso.

Marcado su epitelio de principio a fin
de trazos rectos, conformándose continuos
triángulos de afecto extraño, compartidos como
figuras cuadradas, que son fusionadas en plenitud
en nazaríes octógonos de las eternas ciudades paraíso.

He sido un geómetra feroz y despiadado,
buscando llaves y remedios para dar a luz
a este vástago de la victoria de los ángeles,
espléndido en su concepción armoniosa, orgullo
de un espacio compartido entre dos y sus secretos.

Quien pensaba que esta adoración nacida
en las calimas estivales, entre esas caricias
y espirales movimientos de dedos bajo tu falda,
en aquella calle estrecha yacería sin piedad alguna
clavada en los vallados podridos del celestial infierno.

Centinela inconstante, debiste haber seguido
los rastros aparecidos de lágrimas de un color
indefinido, hoces cruzando mis polvorientas mejillas,
cubriendo mis temblorosos labios, con un dual silencio
sin responder a la muerte del acertijo de la coincidencia.