martes, 1 de mayo de 2018

El Coleccionista


Colecciono movimientos,
y cautivas contracciones,
venidas de otros tiempos
muertos y sus sensaciones.

Colecciono libros bellos
y amargos pensamientos.
Cuando paseo por museos
o bulevares abiertos.

Colecciono breves lluvias,
extensas conversaciones,
acentos, músicas nubias,
los sonidos y expresiones.

Colecciono suvenires,
y apilo mis recuerdos
que descubren avenires
y futuros sentimientos.

Colecciono añoranzas
y cambios inesperados.
En la distancia no mandan
los hábitos hospedados.

Colecciono fantasías
y también desolaciones.
Desconfianzas, y a días,
enseñanzas y razones.

Colecciono amistades
y otros nuevos encuentros.
Colecciono lenguas leales,
pruebas de asentimiento.

Colecciono piezas aureas
y arquitecturas vivientes.
Colecciono lunas llenas
y terracotas durmientes.

Colecciono posiciones
en los lechos ajenos.
Colecciono muchas noches
las danzas de otros cuerpos.

Colecciono y colecciono.
Colecciono. Yo y solo yo.
Yo colecciono. Solo yo.
Yo solo. Colecciono. Yo.

domingo, 15 de abril de 2018

El día perdido y encontrado (Un poema ilimitado)


En el día perdido y a la vez encontrado,
bajo cielos distantes, un poema ilimitado.

Batieron su cuerpo herido, olas de cristal,
granos mezclados de arena y sal y un sol letal.
Quemaduras abiertas por la despiadada luz,
esperan remedios y signos de luna o cruz.

Alba, bajo tu seno, primavera oscura,
tus opalos de nube cubrieron su figura.
Una tempestad devino carne y alma anhelada
sobre una ultramar azul internacional helada.

El viento recorrió los huesos sin refugio
barriendo las sombras y cualquier subterfugio.
En su pecho cual bolsillo, flores escondidas
murieron aventadas y así desconocidas.

Esa corriente, una vía reptada y lenta,
al tiempo fue su oráculo y despierta absenta.
Borró los relatos de oro bajo los astros,
las imágenes de otros sueños y sus rastros.

Las lágrimas así proyectadas como balas,
noche donde su melancolía perdió alas.
Ocaso de recuerdos de su futura hambre,
y el horizonte de fiero fuego, dolor y alambre.

Sin escape, salvo una mirada adelante
y un beso desesperado del agrio Levante.
Aurora, la tormenta saludó su aventura,
el eco de su llegada a nuestra playa dura.

En el día perdido y a la vez encontrado,
bajo cielos distantes, un poema ilimitado.

domingo, 25 de marzo de 2018

La Douleur


Cuando la oración priva del sueño.
Cuando el sueño priva de la oración.
Si el deber carga con la emoción,
si lo que cambia nuestro interior,
no es una nueva esperanza
sino la constante amenaza.

En este río subterráneo sobreviene
esta contracepción sin equilibrio.
en la vanguardia y matriz del dolor.
Cuando lo que me dio vida al final
se halle desaparecido sin remedio,
dime: ¿cómo seguiré siendo yo?

Nuevos viajes y renovada lucha,
viejos recorridos, idas y venidas.
Mucho que perder y todo el riesgo
puesto en la mesa de esta operación.
Consciente del horroroso proceso,
solo puedo ser cariñoso y paciente.

En todo este camino no se presenta,
no se halla ninguna justicia ni belleza.
Solo una intachable verdad biológica.
Paseo hoy por esta ciudad de muertos
todas estas terribles confesiones,
recogidas en una amarga cosecha.

Observo cenizas de ideas en el aire.
No voy a hallar mejores soluciones
ni singulares puertas de percepción.
Llevo un jacinto y mis reflexiones.
esta tarde, tan extrañas y amargas.
He venido a replantar y velar la flor.

Voy a enterrar y abandonar lo demás.
Abrazo la brisa. Trazas de crematorio.
Otra vez todo el amor ya perdido,
otra vez la herida abierta y viva.
Una luz de sangre me reconoce
a la busqueda de paz y de mañana.


lunes, 5 de marzo de 2018

Gestalt


Ala de rosa y faz de miel.
Arca de raso y pluma infiel.
Dirección hacia Arc-en-ciel.

Puentes de cruz
en puntos de luz.

Suspiró allí mi aurora,
y aún así aulló sonora:
Esta vida enamora.

Agua cerrada,
brilla soñada.

En la confiada palabra
que multiplicada, labra.
En una voz que grita: abra!

Jamás mineral,
luna animal.

Yazgo aquí, flor inerme.
Aunque la vigilia merme,
esta noche no se duerme.


domingo, 7 de enero de 2018

Antifragil


Mi piel gime helada entre la bruma,
mi lengua paralizada en su cielo.
Mi cabeza se revela así aún aturdida,
Mi alma se retuerce rebelada.

Un emigrante busca su sitio en mí,
solo entre esta maraña de gente.
No puedo ser un testigo fiel salvo
de mis recónditos sentimientos.

Soportar el peso de tanta tribulación,
agitándose todos mis fundamentos.
Cómo sin dejar atrás mi sensibilidad
sobrevivir tanta carga y esfuerzo.

Expresar una emoción tan confiada
cuesta ahora toda una eternidad.
Mis manos y brazos forman un arco
que a veces ora, y a veces se tensa.

Recostado, acerco hasta mi pecho
mis rodillas. Me comprimo
sumergido entre sabanas y mantas,
entregado a la deformada noche.

Para mañana queda otra perspectiva,
del agua y del horizonte flexible.
A diario, cambiante, su verde rayo
me da su apoyo para continuar.


lunes, 1 de enero de 2018

Escapade (Ad Astra Per Aspera)


Respiro. Cojo aire.

Tres días en la plaza del santo suplicio.
Supero la regla de juego, impuesta.
Paso a otro nivel y así me marcho, solo
un conductor nocturno más.

Arranco. No acometeré otras tentativas,
pienso, mientras abro distancia.
No voy a repetir silenciosas nuevas visitas,
ni más notas, sobre el café bohemio.

Cantaré en la perdida, sobre el apego
a los amigos que ahora se alejan.
Reiniciaré lazos con mi anterior vida.
No a las lagrimas extraviadas.

Romperé la separación de dos mundos,
no sobrevolaré mucho la añoranza.
Retomaré la pequeña conversación, y
algo más importante: la rutina.

Escapo de cualquier sitio civilizado,
por la carretera inhospita, agreste.
Huyo de la reiteración y del castigo.
Busco el milagro de un refugio.

Allí hablaré sobre verdades divididas.
Bizarras y a su vez valientes.
Mi cabeza bailará sobre arquitectura,
sin ninguna música encendida.

Descubriré como salir de este exilio.
Exterior e interior: de mí mismo.
Litoral, la brisa golpea cristales. Freno.
Paro y apago el motor y las luces.

A contratiempo veo una surreal ventana.
Inmaterial y seductora. Donde
el progreso es la recuperación de la libertad,
sobre un espacio, de nuevo, abierto.

Cierro la puerta. Ando en la noche tenebre.
Solo en la playa, mirando. Ad astra.
Trazando quizás un camino. Per aspera.
Tendido sobre la arena. Y duermo.

Otra vez. Suspiro.

martes, 5 de diciembre de 2017

Walkaway (from certain death)


La vida se nos deriva a días
por caminos de sombra,
a noches que nos hielan.

En esas ocasiones, paseamos.
En la oscuridad, al modo
de una pintura neblinosa.

Las sendas se vuelven rocosas,
angostas, tristes y cenagosas.
Los campos ceden su firmeza.

El barro estuvo siempre ahí,
a nuestros pies, pero antes,
no lo vimos. Ahora hay vertigo.

Sabemos que no podemos
dar la vuelta, y solo hay sino
avanzar. Hasta el destino.

Surgen encuentros indeseados,
figuras como amenazas,
difusos intrusos y voces.

Que nos tientan, sí.
Que nos suplican, las más.
Que nos lamentan, las menos,

Nos aferramos a toparnos
con postes y muros de luz
solida, que nos sirvan y guíen.

Iluminen nuestra confusion.
Mas solo hay rumor de cañas
y de pisadas. Nada más a oír.

Nos acordamos, si bien
tarde únicamente ahora, de
nuestras propias Cassandras.

A las que no dimos crédito.
Al pasado que sacrificamos.
Al tiempo que pasó sin emplear.

La opresión rige el pensamiento.
El miedo ofusca las sensaciones.
Una gran luna roja nos busca.

Cuando todo se halla perdido,
una stella maris se manifiesta.
Nos salva de esa tempestad.

Nos hace atisbar la esperanza,
solo ese momento de suficiencia
visualizamos nuestra grandeza.

Cuando todo estaba perdido,
sacrificamos el malestar,
cantamos, peleamos y vencemos.

Y por suerte, solemos retomar
otra senda menos tenebre.
Nos sentimos de nuevo a salvo.

Retornamos al camino a casa.
Al hogar. Se hace el día, damos
gracias por la nueva mañana.

Para que la umbría cese,
pues su repetición sería letal.
Su repetición sin duda, es letal.

Volvemos a recordar otra vez.
Que las sonrisas nos hacen leves.
y que las memorias, nos elevan.

No rondes al filo de la muerte.
Esquiva la certitud de su abrazo.
Hasta que llegue por fin tu hora.