martes, 27 de noviembre de 2012

Vigía

















Centinela inconstante, debiste haber seguido
los rastros aparecidos de lágrimas de indefinido
color, ya hoces, cruzando mis polvorientas mejillas.

Mil





















Mil melodías resuenan en mi cabeza,
mis pensamientos en torno a la belleza.

Mil seducciones se convierten en palabras,
las ilusiones que tú, corazón, labras.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Espíritus de Manhattan





















Los espectros de hierro de John y Washington Roebling, llegan a Manhattan,
colosales, crepúsculates, acompañados de melodías de George y Ira Gershwin.
Trepando las paredes de los teatros de la Quinta Avenida, Peter Parker,
vigila las calles y sueña con los ojos verdes, pelo rojo de Mary Jane Watson.

Broadway Danny Rose se cruza con Annie Hall en la carnicería kosher.
Encantada le alquila para su fiesta de mañana un malabarista sin brazos.
Turistas en taxis amarillos por las calles, luego paseantes casuales,
recorren la ciudad laberinto por sendas trazadas en mentes inescrutables.

Harlem es negro, norteamericano, Harlem es hispano, castellano.
Permanecen en sus esquinas, las pisadas de García Lorca y Pepe Hierro.
Cuadernos de poemas devorados por cocodrilos en las profundidades,
vagabundos caídos, almas roídas, basura en el fondo del Hudson.

El intelectual compra de librería vieja un Don Quijote y un Poe.
Un bailarín de claqué deja caer su chaqueta, mientras hace su zapateo.
Vagando por Central Park inacabablemente hasta Madison Avenue,
los colores en la oscuridad han acabado tristes, muertos y apagados.

Las agujas de los edificios aún apuntadas al cielo, iluminando el camino.
Señalan la victoria del hombre llano y el fracaso de los fanáticos.
El West Side End hace que Moloch sea de nuevo encadenado en las alturas,
y Liberty Island cuenta a sus hijos que allí, decir no, siempre es absurdo.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Mañana. Domingo de Otoño (Retiro/Pacífico, 1993)
















En este nuevo amanecer se oye algo.
Leve rumor, hojas secas, sobre el asfalto.
¿o son mis pisadas con un eco extraño?

Se abre un día rojizo, helado, con viento,
surgiendo entre las ramas de todo árbol,
y mi cuerpo somnoliento lo está sintiendo.

Paseando solo por la calle, bien abrigado,
ni un alma más paseando entre baldosas sueltas,
cruzando bordillos rotos y suelos rayados.

No sabía adónde iba, mi noche no había acabado,
recorría calles que no tenían nombre.
En la madrugada del sábado están velados.

El aire me azota en la cara y me va despertando.
Creo reconocer el lugar por donde van mis pasos.
Cierro los ojos: “Éste es mi hogar”- he pensado.

Y es que ahora ando sobre zona conocida.
Lo sé por el color gris de la tienda por alquilar,
por el rojo gastado de la antigua peluquería.

Me viene a la vista el abandonado cine Sevilla,
sus sombras huérfanas que vagan sin tener pantalla,
Y la mercería de la esquina. Todo está cerrado.

He vuelto a mi barrio, Un ensueño que termino.
Es la mañana de un frío domingo de otoño en 1993.
Tengo 18 años. Voy de vuelta a casa. Camino.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Caprichos Londinenses














Dear, muéstrate conmigo en Oxford.
Esfúmate ente las campanadas del reloj,
y reaparece, Cheshire, con nuevas sonrisas.

Surgida, transplántate al jardín de Hyde,
flor nueva nocturna, y goza conmigo.
Resurge otra vez entre mi tacto.

Correremos de allí hacia Piccadilly,
donde nos suspenderemos de los luminosos.
Destacaremos como negritud entre el color.

Caminantes solos y anónimos bajo la luna
nuestros reflejos de agua en Trafalgar Square.
Centelleo y destello, centelleo y destello.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Muro





















...En mi horizonte, fiero, implacable,
aparece sin razón aparente,
tan alto, que semeja infranqueable.

Es sólido, de mi mente no producto,
real al tacto, vertical, firme, solemne.
Inmenso, en bloque de roca. Un muro.

Plantado en la inmensa nada lisa,
en la que pesa la tensa soledad
que hace del lugar su rara divisa.

Aunque es inasumible, lo contemplo, 
no hay apertura, grieta u oquedad
en este extraño y absurdo monumento.

A izquierda o derecha, no interrumpe,
su fuerte construcción este elemento.
Puertas, busco en su camino, y no irrumpen.

Asaltarlo, alternativa, pensamiento constante.
Me parece haber tomado esta decisión, pero
¿podré subir esta pared gigante?

Me encaramo con pies y manos, me encelo,
a las duras aristas de la piedra, escalando,
pugno con lo que parece tiene límite en el cielo.

Tras días, semanas en el muro, donde lucho,
duermo, sufro, sudo, acabo por creer
que no puede haber objetivo más duro.

Sin aviso, mi mano temblorosa, encuentra,
cuando todo lo sentía ya perdido,
el último bloque, fin de la pelea cruenta.

Me siento en su borde, lo domino.
Sorprendido, estoy con lo que vislumbro, 
pues la nada es lo único que adivino.

Me decido a descender por el otro lado.
Rápido, con hálito de prisionero fugado,
en un solo día ya lo he bajado.

Abstraído por la alegría, del simple hecho,
de tener ya ambos pies en pleno suelo, corro.
Sin dirección, libre, las rocas de vista pierdo.

Mas mi alegría acaba pronto, en un momento,
paralizado, perplejo, pese a que confirmo
cuanto ya sabía en mis adentros, cuando oteo...

...En mi horizonte, fiero, implacable,
aparece sin razón nuevamente,
tan alto, que asemeja infranqueable...

martes, 20 de noviembre de 2012

Por Sendas Propias




















Arma provista de silenciador, legalizada a las públicas opiniones.
Así entiendo la ambición sin mesura, semilla de cizaña, mata
lo verdadero, lo honesto; y a los que la acogen, convierten en plaga.

Y es que vivir en el mundo se ha hecho cosa de locos, y sólo triunfan
ahora pillos, pícaros, ricos, probos. Oscuro tiempo de herrumbre.
Dime: ¿se habrán convertido en buenas las malas costumbres?

Acaso tú y yo, salidos como ellos de la frágil arena, de este barro,
que pisamos, nosotros que sabemos que no les seremos similares,
¿es que no imitándoles nunca haremos cosas importantes?

Dejad que duerman aquellos sobre sus cómodos colchones
rellenos de plata, en realidad sostenidos en espadas esos lechos.
Su caída será natural. Llegará un día cualquiera, cual cruel invierno.

Amigo, usemos zapatos viejos para recorrer nuevos caminos, lugares
para formar un discurso inédito, sin palabras usadas y desgastadas.
Apártate al fin de lo común. Recorre hoy conmigo esta hondonada.