sábado, 16 de septiembre de 2017

Profundidad nueve (Les Atalants)


Nueve sombras atlantes,
sumergidas en busqueda
de sus amores perdidos.

Flanquean en infinitud
su destino ignoto, cientos,
miles de automatas rotos.

El sol presta sin matices
su gran figura de fondo a
la afanosa prospección.

Sólo una canción rescata
a un único buceador, que
escucha su corto estribillo.

De letrilla corta, certera
sencilla, y a la vez sentida,
con efecto sobrecogedor:

¿Por qué crees que hallarás
en estos fondos, amigo,
lejos de las espejadas

cristalinas superficies,
lo que tan cerca se halla
siempre del corazón?

domingo, 10 de septiembre de 2017

Transmisión (M. Irma Vep)


El transcurso tan largo de los años,
me ha enseñado enormes lecciones
para definir mi propia naturaleza humana.

Tan generosa, como autosatisfactoria,
tan nómada, como atada a sus raíces,
tan fiera, como delicada con su progenie.

Sin embargo, el mayor logro de mi especie
para mí no está en el caracter, ni es material.
Se encuentra en algo mucho más básico.

He disfutado de muchas vidas en ésta,
y me he convencido de que lo único
que me sobrevivirá al final es mi palabra.

Aprendí el ingles para rimar y cantar mejor,
el francés para trabajar y amar, y el español,
me enseñó, que en la espera habita la esperanza.

He conocido el alemán, un idioma de escena.
Todos permiten el discurso y su replica ágil.
Felina. Por ondas o cromada por la imprenta.

A cualquier ocasión reivindico, escribiendo,
o con mi voz y manos bien situadas y alzadas,
la inmortalidad de este bello don del lenguaje.

Aun pérdido en la metropolis, no enmudeceré,
ni esconderé este milagro de la comunicación.
Lo exhibiriré bello, cual color de la primavera.


sábado, 9 de septiembre de 2017

Minuit á Bir-Hakeim (al borde del Sena)


Empieza el desfile cada amanecer
con los rastros de raso y seda,
las lentes de varias ópticas
y el deseo de un recuerdo.

Capturan la luz bajo los arcos
del Puente, entre sus pilares.
Objetivos emocionados,
atentos y bien abiertos.

Desde Tailandia hasta Australia,
llegan hasta los encuadres
donde se pliegan tiempo
y espacio cinemáticos.

Los timbres ciclistas o el girar
alegre de los radios jalona
el paso marcial del día.
inferior al del metro.

Entre las corrientes del romance
baja el horizonte, de la libertad,
hacia la torre y más allá,
llega hasta el alma.

Es la noche, ya entre flashes, la líbelula
de trescientos metros, con cuatro
pies despliega sus alas de luz.
Llega, por fin la hora mágica.

Alrededor de la medianoche. Música.
Bailan. Algunos descorchan botellas.
Se despojan así del maquillaje
de ciudadanos ordinarios.

Entonces, vuela el pensamiento.
Todo responde a corazonadas:
con una sístole de hierro,
y una diástole de agua.

Dando un paso adelante entre la brisa,
que no les despierta, sino que les
sume aún más en este borroso
sueño de cristal y artificio.

Retornan maravilladas las novias
cansadas, con sus pies descalzos
por las riberas, a sus hoteles,
a consumar su felicidad.

Y las cosas, de aquí en adelante,
reposan y parecen quedarse
en bucle, donde un desierto
tablero ya no grita alegría.

Los embarcaderos esperan ya
tranquilos al tránsito normal
de otros pies sentimentales.
Lejos ya de la medianoche.

martes, 5 de septiembre de 2017

Noviembre


No quiero volver a noviembre.
No busco mirar a noviembre.

A voluntades prisioneras,
que ocupen mi tiempo.
Al verano que no fue.
Al no verano. Verano no.

No busco volver a noviembre.
No quiero mirar a noviembre.

A responder que todo vale,
o lo arreglaré mañana.
Al llanto que nos iguala,
a la discusión que nos reduce.

No busco querer a noviembre.
No miro volver a noviembre.

A la escena desenfocada,
y el temor entre las multitudes.
Al carnaval permanente,
a la mascarada, al sinsentido.

No miro querer a noviembre.
No vuelvo a buscar a noviembre.

A la decepción, a la duda.
de recibir una llamada sin voz.
Al otro lado de la línea,
al otro lado de un muro.




Las montañas penitentes

 
Lac de Sils, un encuentro con
la magia de la gravedad.
 
Miré. una directa naturaleza
se enclavó, austera. Viva.
 
Una placa sin pedestal, sin
busto: escenario vacío.
 
Al fondo una sombra escarlata,
baño de maternidad y abismo.
 
En la proximidad del secreto,
mi adolescencia, jaula frágil.
 
A partir de ahí, solo la caída.
Nociva. Al taller de oleajes.
 
Y volver años después, cual
súbito destructor de cumbres.
 
Laocoonte moderno,
tan triste, tan arrepentido.
 
 
 
 
 
 
 

domingo, 30 de julio de 2017

Ónice



"Parce que moi je rêve,
moi je ne le suis pas..."

Tengo un doble exacto 
que escribe los domingos
de un verano a la caída de la tarde
en la terraza de un segundo piso,
rue Greuze, decimosexto distrito
en la ciudad de París.

En él habita su existencia
dupla, cual en un diorama,
disfrutando de su gozo vital,
algo desconocido en Madrid,
respirando entre orquídeas:
flores de aromas distintos.

Estudia un lenguaje nuevo, 
sentado a veces cuál esfinge.
En su doctrina tiene determinado 
no hallar disuasión a su escritura
y en ocasiones, fijar su norte
en una búsqueda amoral.

Pintan por las mañanas, 
sus ojos, difusos fotogramas. 
El cine le corre en las entrañas,
sublime con unas texturas
de terciopelo, no remisas.
Integradas de silencio.

Cuando me concentro, 
quedo a veces unido a él.
Sentimos juntos sed condensada
en nuestros paladares, y una 
mutua noción al despertar:
de sueño y de locura.

 

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cadenas Rotas


Tuve dos cadenas de oro.
En mi cuello colgaron,
mas no las exhibí.

Ambas se quebraron,
por eslabones gastados,
bajo dos pesadas cruces.

Y en esas ocasiones, reí,
pues con rapidez las repuse.
De nuevo, las vestí orgulloso.

En este momento, no recuerdo
haber sido por ello pesaroso,
ni fui menos creyente así.

Aunque yo vaya desnudo de dorados,
durante un tiempo, siempre albergo
grandes esperanzas dentro de mí.