sábado, 20 de julio de 2019

Orión

 
Tu arquera ya no existe.
Sus flechas ya no dispara.
Solo queda el cazador.
Y sus fieles animales.

El más grande me rodea.
Su calor me acompaña.
No estoy triste, hoy amiga.
No estoy solo tampoco. 

Es un extraño instante.
A mitad de todo camino.
Un ascenso y un descenso.
Al final todo lo mismo. 

El cristal de esta noche.
Es un sentimental prisma.
Un oscuro granulado.
Una guitarra infinita.

Y busco mi dirección.
La que sea definitiva.
Una de siete posibles.
Tanta vida malgastada.

Es un extraño instante.
A mitad de todo camino.
Un ascenso y un descenso.
Al final todo lo mismo.

Hoy persigo a Orión.
Tras la Luna, ocultado.
Veo sus hombros caídos.
Y su pie jalonado.

Entre la bruma y el polvo.
Y un sino alineado.
Hay tres reyes asesinos.
Cae gigante, callado.

Es un extraño instante.
A mitad de todo camino.
Un ascenso y un descenso.
Al final todo lo mismo.

 

 

domingo, 3 de marzo de 2019

Háblame, Mark D. Hollis


Ojalá no hubiese visto en las noticias,
que habías desaparecido inadvertido.
Y no fue por accidente como preveías,
Ni en aquella famosa fiesta de mascaras.

Tu delicadeza, venía de otro mundo,
la vía de escape de hombres oxidados,
de cualquier palidez de esa naturaleza,
florecida en el color de tu primavera.

En esta sonrisa ímplicita de los besos,
en la suerte del abandono a la belleza,
matando el desarraigo, entre los jardines
grises del tiempo, juez de proceso repentino.

No era circunstancia de relajo o vergüenza.
Quizá cuando dejaste de creerte un mercenario.
¿Perdiste la fe en tu oído perfecto?
¿Te reconocías acaso en el espejo?

Cruel verano de destino y herencias deshechas,
ahogado refugio de ríos desmembrados,
y brisas en meandros abiertos ascendentes,
agrios y austeros de velos entredorados.

Las semanas se extiguieron, y la juventud.
Las calles cambiaron y se fugó el deseo.
Ya no habían juegos, sueños, ni multitudes.
No más largas entregas ni extremos compromisos.

Creíste en nosotros, y también descreíste,
tú portando la felicidad de los sencillos,
un salvamento de la inocencia, una promesa
dorada, nunca más, jamás, la misma canción.

Salvación sagrada y libertad, ritmo y fraseo,
deuda pesada, brazos calmos escalan con fe,
respuestas selectas y al fondo una efigie
bendita, elevada en errantes corrientes.

Tú qué sublimaste la melodía, el tempo,
en un espíritu de Eden sin final, ayer
te llegó el mañana comenzado y esperado
aquella cosa de risa, en esa última vez.

El dolor tránquilo al fin, la vida terminada.
Simplificaste tanto todo este sonido.
Veinte años tocando sobre la misma nota,
un continuo, extraño y apasionado silencio.

Estrella Oscura


Por el canal, astro opaco,
susurrarás ritmos y agua.
En el atardecer frío,
hoy, ¿contaré con tu guarda?

En los pianos, escondidos,
de los férreos caminos,
tras esa estación última,
allí ¿estarás al lado?

En los bulevares y puentes
compañera caminante,
solo puedo ver tu sombra,
al fin, ¿te revelarás?

Te creeré en la noche,
una cautiva quimera,
fuente de noche cerrada.
Aquí, ¿abrirás tu boca?

Por los cercanos convoyes,
te descubrirás en azul,
y te harás en sonrisas,
dime ¿bajarás comigo?

Tu cabeza sobre mi hombro,
mi mano en tu mejilla,
tus dedos en mi barbilla,
aún así, ¿callarás?

Y yo, lo dejaré estar.
como tu melodía sin voz.
Pasearé solo, pensando:
¿será tanta la distancia?


domingo, 18 de noviembre de 2018

Strange Music


Sin nada que oír
cuando amanecía
salvo una simple,
bizarra melodía.

Y hoy te encuentro,
tú, la que me animas,
extraña música,
especial armonía.

Exótica danza
en los pies de tu amiga
sigo su baile
con singular manía.

Yo que no quiero
escapar de tu pista,
extraña música,
peculiar simpatía.

Reinas de noche,
planetas que avisan,
todo se mueve,
con simpar fantasía.

Estas mañanas
irrumpe en tus días,
extraña música,
portentosa venida.

Devoción cuenta,
en tu canto, querida,
voz modulada
en rara sintonía.

El amor es débil,
delgada sinfonía,
extraña música,
mi única salida.

Dulce liturgia,
maldición bienvenida,
tú te disuelves
en esta amnistía.

Línea sensual
de guitarra muy fina,
extraña música,
peculiar profecía.

Dame tu mano
alegre y colorida
Augurio bueno,
y canción de mi vida.

Estoy contento,
pues no estás perdida
extraña música,
curiosa energía.

domingo, 14 de octubre de 2018

David Is Dead (but maybe yet alive...)


En ese climax minúsculo
que reposa tras espacios
lúgubres, de asfixia.

En la rotura de columnas
que unen los lazos secretos
formadores de los hombres.

En el hueco del craneo,
que resuena punzante
sobre un valle de la noche.

Allí, descansa su miedo,
portador de la parálisis.
Así, en atávico negro.

En el momento de ojos
rápidos y en movimiento,
cerrados de amargura.

En estaciones desiertas
donde ya rige el gris
de la falta de recuerdo.

En azul profundo, sin amor,
solitario y frío, entre
un pálido fondo rosa.

Allí, tañen los silencios:
David is dead, David est mort.
Sí, sí, David está muerto.

Una víctima del trueno
roto, mas apocalíptico.
Voz del grito, luz del tiempo.

Sin embargo, aún vive
entre casas que arden,
como fantasmas guardianes.

En las nostalgias ventosas,
de oscuridades sin norte,
bajo cielos sin estrellas.

En el dolor del espino
y el daño de las agujas.
Por la reforma de un cáliz.

En la redención de faltas
presentes en la descripción
clave de otro porvenir.

Ahí cierne solemne, en
sus espaldas, una sangre
roja carmesí, y ajena.

En las ciudades más llenas
de esos vivos que creen
estar tan muertos como él.

En sus nombres, él exhibe
su familia y su origen,
que no le abandonan nunca.

En sus libros, él fija fotos
cotidianas y confía
en las memorias amigas.

Ahí se guarece al fin,
su descanso y una hilada
tendida a la distancia...

sábado, 25 de agosto de 2018

La villa de los niños


En la villa de los niños,
reside la desmemoria.
Hay talleres de olvido
y fábricas de retórica.

Se preserva la inocencia,
el arte salvaje y bruto.
Se practica la inconsciencia,
casi sin rastro adulto.

Hay un estanque de olas
con su casa de corales,
crestas abiertas ahora.
Habitan, libres, animales.

Descimentado, tumbado,
el pilar de la cultura.
En pie, pero encorvado
el de la virtud pura.

Sus jardines megalíticos
donde la lluvia arrecia
llenos de sones idílicos.
Los espíritus ya reinan.

Se desentierran cautivas,
quimeras todos los días.
Sueña la turquesa viva,
tierras de melancolía.

Costa de nácar sufrido
y sin perlas a la vista.
Derrama su cielo nival,
la colera, y el castigo.

Su cimbra del porvenir
cediendo ante la luna.
Esta resistencia, fin
de la desazón profunda.

No voy allí a morar,
donde está la iniquidad.
Rechazo pues reposar
donde no hay moralidad.

domingo, 5 de agosto de 2018

Por debajo de la ciudad de la luz (Sub lumine)


Supeditado verano,
lleno de flores efímeras.
Terrenal y grávido, allí
llegará un camino lento.

Hermético y golpeado,
un nuevo caleidoscopio.
Seres secretos y míticos
en un duplicado jardín.

Envenenado por el verdor,
puntuado por la arena
e invadido por el agua,
un reflejo de azules.

Llegarán olas armadas,
mortales ondas, salvajes.
Comenzarán hostilidades,
perpendiculares sombras.

Arrasarán las familias,
destruirán todas las almas.
Restará la selva vieja
y en la costa, solo huecos.

Su marcha finalizará
al decaer este querer.
Este retiro artificial,
que restará en suspenso.

Un plan en vía muerta.
El calor ya extinguido.
La hora queda más fría.
La tierra es una isla.

Un páramo sub lumine,
un mimético objeto
en una playa de universos.
Fiero elemento otra vez.

Mi devoción ya me lleva
por una ruta caligráfica
liberada, más ardiente,
voz de ciudad sin sonido.

Celebro cada mes, treinta
rubíes, y en esta inhospita
estación, estaré tenso,
sin mancha, sin agarre.

Mis plumas se baten contra
un miramar de espejos
del tiempo estratosférico
en este mundo intuitivo.

Una frontera se quiebra,
a poniente se ocultan
mis fantasías brutales,
cruces de nuevas mañanas.

He elegido la elipsis,
energía continuada,
un motor de mi busqueda,
frente a un abismo formal.

Vulgar realidad, vuelve.
Contrapunto de mi monte.
Nada arreglará mi error.
Ayer dejé de ser joven.

Devastado y temido,
herido por el bello sol.
Tambaleante y humilde,
aspiro al atardecer.

jueves, 26 de julio de 2018

Impalas


Atrapada en el oro
esta condición vampírica,
ensayamos por el día
nuestra paciencia empírica.

A veces no entendemos
otras voces al mediodía.
Adelantamos el reloj,
vemos crecer a las crías.

Y después, en otro plano,
fuera de conversaciones,
desplazamos otra vida,
nadando en convenciones.

Nos apacigua la tarde,
pronta a dulces miradas,
libre, sin las puñaladas
tan al corazón cercanas.

Distribuímos en la noche
sin estar bien negociados,
entre nuestras conciencias,
mensajes codificados.

Sólo, para desaparecer
en la luna, ya disueltos,
quedamos líquidos, plata,
sin un descanso eterno.

Sobreviviremos pozos
y entre milagros, las fieras.
Haciendo pasar jornadas
rotulando las hileras.

Somos ángeles sucios
en el carbón, en el daño,
a la manera de impalas,
saltaremos estos años.

domingo, 8 de julio de 2018

Sr. Nadie


Entre las noches de vapor y láser
ya mi corazón se halla congelado
en voces de terciopelo líquido
y en sonrisas de helio sublimado.

Devenido en mis ojos sin rostro.
En soledad sin palabras, cambiado.
Transmutado mero guardian de lunas.
Agua sólida, un yo desintegrado.

Mi espíritu busca bustos de bronce,
araña, entre ignotos abismos,
convoca cangrejos exploradores
a la caza de nuevos organismos.

Se devana mi cabeza en juzgar
del narval su belleza o su fealdad
cuando en verdad solo debiera
de su fidelidad, falta de maldad.

Emerjo al día: el señor Nadie,
cuatro personas escindidas de una.
Miro hacia un infinito extraño,
a esa maldita y vacía cuna.


martes, 1 de mayo de 2018

El Coleccionista


Colecciono movimientos,
y cautivas contracciones,
venidas de otros tiempos
muertos y sus sensaciones.

Colecciono libros bellos
y amargos pensamientos.
Cuando paseo por museos
o bulevares abiertos.

Colecciono breves lluvias,
extensas conversaciones,
acentos, músicas nubias,
los sonidos y expresiones.

Colecciono suvenires,
y apilo mis recuerdos
que descubren avenires
y futuros sentimientos.

Colecciono añoranzas
y cambios inesperados.
En la distancia no mandan
los hábitos hospedados.

Colecciono fantasías
y también desolaciones.
Desconfianzas, y a días,
enseñanzas y razones.

Colecciono amistades
y otros nuevos encuentros.
Colecciono lenguas leales,
pruebas de asentimiento.

Colecciono piezas aureas
y arquitecturas vivientes.
Colecciono lunas llenas
y terracotas durmientes.

Colecciono posiciones
en los lechos ajenos.
Colecciono muchas noches
las danzas de otros cuerpos.

Colecciono y colecciono.
Colecciono. Yo y solo yo.
Yo colecciono. Solo yo.
Yo solo. Colecciono. Yo.

domingo, 15 de abril de 2018

El día perdido y encontrado (Un poema ilimitado)


En el día perdido y a la vez encontrado,
bajo cielos distantes, un poema ilimitado.

Batieron su cuerpo herido, olas de cristal,
granos mezclados de arena y sal y un sol letal.
Quemaduras abiertas por la despiadada luz,
esperan remedios y signos de luna o cruz.

Alba, bajo tu seno, primavera oscura,
tus opalos de nube cubrieron su figura.
Una tempestad devino carne y alma anhelada
sobre una ultramar azul internacional helada.

El viento recorrió los huesos sin refugio
barriendo las sombras y cualquier subterfugio.
En su pecho cual bolsillo, flores escondidas
murieron aventadas y así desconocidas.

Esa corriente, una vía reptada y lenta,
al tiempo fue su oráculo y despierta absenta.
Borró los relatos de oro bajo los astros,
las imágenes de otros sueños y sus rastros.

Las lágrimas así proyectadas como balas,
noche donde su melancolía perdió alas.
Ocaso de recuerdos de su futura hambre,
y el horizonte de fiero fuego, dolor y alambre.

Sin escape, salvo una mirada adelante
y un beso desesperado del agrio Levante.
Aurora, la tormenta saludó su aventura,
el eco de su llegada a nuestra playa dura.

En el día perdido y a la vez encontrado,
bajo cielos distantes, un poema ilimitado.

domingo, 25 de marzo de 2018

La Douleur


Cuando la oración priva del sueño.
Cuando el sueño priva de la oración.
Si el deber carga con la emoción,
si lo que cambia nuestro interior,
no es una nueva esperanza
sino la constante amenaza.

En este río subterráneo sobreviene
esta contracepción sin equilibrio.
en la vanguardia y matriz del dolor.
Cuando lo que me dio vida al final
se halle desaparecido sin remedio,
dime: ¿cómo seguiré siendo yo?

Nuevos viajes y renovada lucha,
viejos recorridos, idas y venidas.
Mucho que perder y todo el riesgo
puesto en la mesa de esta operación.
Consciente del horroroso proceso,
solo puedo ser cariñoso y paciente.

En todo este camino no se presenta,
no se halla ninguna justicia ni belleza.
Solo una intachable verdad biológica.
Paseo hoy por esta ciudad de muertos
todas estas terribles confesiones,
recogidas en una amarga cosecha.

Observo cenizas de ideas en el aire.
No voy a hallar mejores soluciones
ni singulares puertas de percepción.
Llevo un jacinto y mis reflexiones.
esta tarde, tan extrañas y amargas.
He venido a replantar y velar la flor.

Voy a enterrar y abandonar lo demás.
Abrazo la brisa. Trazas de crematorio.
Otra vez todo el amor ya perdido,
otra vez la herida abierta y viva.
Una luz de sangre me reconoce
a la busqueda de paz y de mañana.


lunes, 5 de marzo de 2018

Gestalt


Ala de rosa y faz de miel.
Arca de raso y pluma infiel.
Dirección hacia Arc-en-ciel.

Puentes de cruz
en puntos de luz.

Suspiró allí mi aurora,
y aún así aulló sonora:
Esta vida enamora.

Agua cerrada,
brilla soñada.

En la confiada palabra
que multiplicada, labra.
En una voz que grita: abra!

Jamás mineral,
luna animal.

Yazgo aquí, flor inerme.
Aunque la vigilia merme,
esta noche no se duerme.


domingo, 7 de enero de 2018

Antifragil


Mi piel gime helada entre la bruma,
mi lengua paralizada en su cielo.
Mi cabeza se revela así aún aturdida,
Mi alma se retuerce rebelada.

Un emigrante busca su sitio en mí,
solo entre esta maraña de gente.
No puedo ser un testigo fiel salvo
de mis recónditos sentimientos.

Soportar el peso de tanta tribulación,
agitándose todos mis fundamentos.
Cómo sin dejar atrás mi sensibilidad
sobrevivir tanta carga y esfuerzo.

Expresar una emoción tan confiada
cuesta ahora toda una eternidad.
Mis manos y brazos forman un arco
que a veces ora, y a veces se tensa.

Recostado, acerco hasta mi pecho
mis rodillas. Me comprimo
sumergido entre sabanas y mantas,
entregado a la deformada noche.

Para mañana queda otra perspectiva,
del agua y del horizonte flexible.
A diario, cambiante, su verde rayo
me da su apoyo para continuar.


lunes, 1 de enero de 2018

Escapade (Ad Astra Per Aspera)


Respiro. Cojo aire.

Tres días en la plaza del santo suplicio.
Supero la regla de juego, impuesta.
Paso a otro nivel y así me marcho, solo
un conductor nocturno más.

Arranco. No acometeré otras tentativas,
pienso, mientras abro distancia.
No voy a repetir silenciosas nuevas visitas,
ni más notas, sobre el café bohemio.

Cantaré en la perdida, sobre el apego
a los amigos que ahora se alejan.
Reiniciaré lazos con mi anterior vida.
No a las lagrimas extraviadas.

Romperé la separación de dos mundos,
no sobrevolaré mucho la añoranza.
Retomaré la pequeña conversación, y
algo más importante: la rutina.

Escapo de cualquier sitio civilizado,
por la carretera inhospita, agreste.
Huyo de la reiteración y del castigo.
Busco el milagro de un refugio.

Allí hablaré sobre verdades divididas.
Bizarras y a su vez valientes.
Mi cabeza bailará sobre arquitectura,
sin ninguna música encendida.

Descubriré como salir de este exilio.
Exterior e interior: de mí mismo.
Litoral, la brisa golpea cristales. Freno.
Paro y apago el motor y las luces.

A contratiempo veo una surreal ventana.
Inmaterial y seductora. Donde
el progreso es la recuperación de la libertad,
sobre un espacio, de nuevo, abierto.

Cierro la puerta. Ando en la noche tenebre.
Solo en la playa, mirando. Ad astra.
Trazando quizás un camino. Per aspera.
Tendido sobre la arena. Y duermo.

Otra vez. Suspiro.

martes, 5 de diciembre de 2017

Walkaway (from certain death)


La vida se nos deriva a días
por caminos de sombra,
a noches que nos hielan.

En esas ocasiones, paseamos.
En la oscuridad, al modo
de una pintura neblinosa.

Las sendas se vuelven rocosas,
angostas, tristes y cenagosas.
Los campos ceden su firmeza.

El barro estuvo siempre ahí,
a nuestros pies, pero antes,
no lo vimos. Ahora hay vertigo.

Sabemos que no podemos
dar la vuelta, y solo hay sino
avanzar. Hasta el destino.

Surgen encuentros indeseados,
figuras como amenazas,
difusos intrusos y voces.

Que nos tientan, sí.
Que nos suplican, las más.
Que nos lamentan, las menos,

Nos aferramos a toparnos
con postes y muros de luz
solida, que nos sirvan y guíen.

Iluminen nuestra confusion.
Mas solo hay rumor de cañas
y de pisadas. Nada más a oír.

Nos acordamos, si bien
tarde únicamente ahora, de
nuestras propias Cassandras.

A las que no dimos crédito.
Al pasado que sacrificamos.
Al tiempo que pasó sin emplear.

La opresión rige el pensamiento.
El miedo ofusca las sensaciones.
Una gran luna roja nos busca.

Cuando todo se halla perdido,
una stella maris se manifiesta.
Nos salva de esa tempestad.

Nos hace atisbar la esperanza,
solo ese momento de suficiencia
visualizamos nuestra grandeza.

Cuando todo estaba perdido,
sacrificamos el malestar,
cantamos, peleamos y vencemos.

Y por suerte, solemos retomar
otra senda menos tenebre.
Nos sentimos de nuevo a salvo.

Retornamos al camino a casa.
Al hogar. Se hace el día, damos
gracias por la nueva mañana.

Para que la umbría cese,
pues su repetición sería letal.
Su repetición sin duda, es letal.

Volvemos a recordar otra vez.
Que las sonrisas nos hacen leves.
y que las memorias, nos elevan.

No rondes al filo de la muerte.
Esquiva la certitud de su abrazo.
Hasta que llegue por fin tu hora.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Isla Tulipa


Esta isla no es una isla. Al tiempo,
la impregnan, una sensación lacustre
y otra bahiana. Empedrada, de sabor
amargo, y al fin dulce: caliza y vitrea.

La lúcidez tenue de las personas,
resulta aquí transgredida, imbuida
en sus trayectos volubles y sinuosos,
de una confusión deseada, críptica.

Bajo esa sugestión sentiente, sí.
Sólo sometida al secreto del tracto
de su río, funciona virtuosa, una
cuasi transparente transformación.

Cada cual escoge sobre esta señal,
su personal heterónimo para seguir,
subtérraneo, no hay duda, pero noble,
subiendo cada día su propia colina.

Mas hay quién se convierte aún,
en arquitecto de mayor infección
a su espíritu, y elige multiplicidad
de signos y enigmas para si mismo.

Moverse en preferencia nómada, mas
no sumisa, sino encinta de novedad,
paseante y flexible, fue mi opción sin
prejuicios, rondadora permanente.

Descorazonador encanto deslavazado,
orillado de evasiones, connatural,
que, cuando no taciturno, transgresor,
dio pie a una vida nueva. Estética.

En el horizonte, ahora un sol errante,
honra al oriente, capitán en pacífica
busqueda de lo sagrado e infinito.
Con sentido sensual, pletórico. Indeleble.

Iluminada, la razón derriba diques,
abraza al misterio, testifica los besos
de balsas de ideas a las tierras escritas.
Surge, cómplice, un privilegio: la verdad.

Mimetizo, al fin la singularidad inmensa,
azur y salina que se enfrenta a la sombra
del cenizo olivo en el que apoyo mis manos
en extrañas, solicitantes, posiciones.

Surge una marcial marcha de inhibiciones
en esta ciudad heroica al final de la costa.
Que opera usual en mis maneras, el rol
de una clarividente claraboya. Isla tulipa.


sábado, 16 de septiembre de 2017

Profundidad nueve (Les Atalants)


Nueve sombras atlantes,
sumergidas en busqueda
de sus amores perdidos.

Flanquean en infinitud
su destino ignoto, cientos,
miles de automatas rotos.

El sol presta sin matices
su gran figura de fondo a
la afanosa prospección.

Sólo una canción rescata
a un único buceador, que
escucha su corto estribillo.

De letrilla corta, certera
sencilla, y a la vez sentida,
con efecto sobrecogedor:

¿Por qué crees que hallarás
en estos fondos, amigo,
lejos de las espejadas

cristalinas superficies,
lo que tan cerca se halla
siempre del corazón?

domingo, 10 de septiembre de 2017

Transmisión (M. Irma Vep)


El transcurso tan largo de los años,
me ha enseñado enormes lecciones
para definir mi propia naturaleza humana.

Tan generosa, como autosatisfactoria,
tan nómada, como atada a sus raíces,
tan fiera, como delicada con su progenie.

Sin embargo, el mayor logro de mi especie
para mí no está en el caracter, ni es material.
Se encuentra en algo mucho más básico.

He disfutado de muchas vidas en ésta,
y me he convencido de que lo único
que me sobrevivirá al final es mi palabra.

Aprendí el ingles para rimar y cantar mejor,
el francés para trabajar y amar, y el español,
me enseñó, que en la espera habita la esperanza.

He conocido el alemán, un idioma de escena.
Todos permiten el discurso y su replica ágil.
Felina. Por ondas o cromada por la imprenta.

A cualquier ocasión reivindico, escribiendo,
o con mi voz y manos bien situadas y alzadas,
la inmortalidad de este bello don del lenguaje.

Aun pérdido en la metropolis, no enmudeceré,
ni esconderé este milagro de la comunicación.
Lo exhibiriré bello, cual color de la primavera.


sábado, 9 de septiembre de 2017

Minuit á Bir-Hakeim (al borde del Sena)


Empieza el desfile cada amanecer
con los rastros de raso y seda,
las lentes de varias ópticas
y el deseo de un recuerdo.

Capturan la luz bajo los arcos
del Puente, entre sus pilares.
Objetivos emocionados,
atentos y bien abiertos.

Desde Tailandia hasta Australia,
llegan hasta los encuadres
donde se pliegan tiempo
y espacio cinemáticos.

Los timbres ciclistas o el girar
alegre de los radios jalona
el paso marcial del día.
inferior al del metro.

Entre las corrientes del romance
baja el horizonte, de la libertad,
hacia la torre y más allá,
llega hasta el alma.

Es la noche, ya entre flashes, la líbelula
de trescientos metros, con cuatro
pies despliega sus alas de luz.
Llega, por fin la hora mágica.

Alrededor de la medianoche. Música.
Bailan. Algunos descorchan botellas.
Se despojan así del maquillaje
de ciudadanos ordinarios.

Entonces, vuela el pensamiento.
Todo responde a corazonadas:
con una sístole de hierro,
y una diástole de agua.

Dando un paso adelante entre la brisa,
que no les despierta, sino que les
sume aún más en este borroso
sueño de cristal y artificio.

Retornan maravilladas las novias
cansadas, con sus pies descalzos
por las riberas, a sus hoteles,
a consumar su felicidad.

Y las cosas, de aquí en adelante,
reposan y parecen quedarse
en bucle, donde un desierto
tablero ya no grita alegría.

Los embarcaderos esperan ya
tranquilos al tránsito normal
de otros pies sentimentales.
Lejos ya de la medianoche.